Si buscáramos un común
denominador, algo que
estuviera arraigado en cada
uno de los vecinos de Boo,
de antes y de ahora, es el
carbón…la MINA.
Nada fue tan hablado,
trabajado y sufrido. Con
decir que era casi el único
medio de vida, de cada
familia. Y con decir que, en
cada familia, si eran 8
hermanos, los ocho
trabajaban en la mina. Y si
calculamos, que esos ocho
sumados al resto, tenían
padres, madres, hermanas e
hijos, nos encontramos que
hubo una fecha donde la
Mina, el carbón formaba un
todo en Boo, de día y de
noche, unos trabajando y
otros sufriendo en esperas
angustiosas.
Luego no se quedaba ahí, se
llevaba a los chigres
sábados, domingos y a
diario, igual que se lleva
ahora cualquier otro tema
candente, pero multiplicado
por 10.000. Discusiones,
charlas, puntos de vista,
informes, cambios de
impresión, etc. la
producción, el sistema de
explotación, lo falso del
punto, el vigilante, el
capataz y sobretodo
aprendían unos de otros. “Es
cierto que algunos presumían
más de lo que podían y
hacían” “también es cierto
que algunos picaban y
posteaban mas en el chigre
que en la rampla. “También
es cierto que, todos
estaban muy cómodos entre
conversaciones y polémicas
mineras.

plano del Cuartu al
Quintu Melendreros
Ningún trabajo de este
mundo, estaba tan pegado a
los trabajadores, cuando
menos se hablaba de la mina,
era en la propia mina. Los
pocos que no trabajaban en
la mina, eran expertos en
toponimia minera:
Un tajo, un punto,
niveladora, freno, mamposta,
cuadro, juego, balsa,
chulana, rachu, bastón,
piquete, cuña, longarina,
pica mano, regadera, costeru,
rajola, chapeo, esporear,
rampar, picar, galería,
guía, coladeru, pozu,
contrataque, quiebra,
encolado, falla, huelga,
travesal, mamposta
hidráulica, mamposta hierro,
mamposta madera, relleno,
recuperación, hundimiento,
testeros, frente único,
macizos, frente invertido,
chupitel, series, rodillo,
panzer, cinta, subniveles,
subtirajes, lampistería,
fichar, destajo, jornal,
conforme, colectiva,
artilleru, picador,
barrenista, ramperu,
ayudante, camineru,
caballista, posteador,
vigilante, embarcador, etc,
hay uno que separo con toda
la intención…PROMEDIO
Si algún nombre es famosillo
entre la jerga minera es
Promedio. El indicaba el que
más ganaba, bien es cierto
que nunca coincidía con el
mejor PICADOR o BARRENISTA.
Mientras el bueno era
destinado a puntos
conflictivos, dificultosos,
peligrosos y mas laboriosos,
el picador mediano, ese que
era difícil de manejar,
nunca estaba conforme, se le
destinaba a puntos de fácil
arranque y posteo, donde
ganaba más que los demás,
algo que nadie logró
comprender y remediar.
Por mucho que se diga, años
atrás; sería fatigoso
colocar algún trabajo más
penoso, peligroso, monótono
e insalubre que el laboreo
de arranque en un taller o
rampla. En él se daban
situaciones que no podríamos
encontrar similares:
Humedad, aire que mas que
aire, era polvo que se comía
y se pegaba a los pulmones;
el aire además venía como
lanzado contra ojos y
personas, tal balines
disparados; ruidos
ensordecedores de martillos,
golpes y costeros pegando
botes sobre chapeos y
vagones, olores de gasóleo y
demás desodorantes sudorosos
de mulas y personas; luego
había ruidos que sacaban el
corazón del sitio: cuando se
hundía el relleno al
recuperar mampostas, el
chasquido de las mampostas
al apretar o correr el
techo, los ruidos del grisú
que hacían bombazos donde te
saltaba el polvillo posado
en las mampostas y en el
frente; esfuerzo, mucho
esfuerzo manteniendo el
pulso al martillo durante
muchas horas, el postear
hierro o mampostas de
cualquier tipo en potencias
superiores a 3,00 metros, el
sufrimiento de la
claustrofobia en talleres
estrechos, donde no te cogía
ni la cabeza, y casi siempre
con la compañía de regueros
de agua fría entrándote por
el cogote y al ser estrecho,
el aire que como decía más
que aire era polvo a
gorgotones, te venia directo
a los ojos, las posturas de
equilibrista o
contorsionista para picar y
postear, echado, sentado,
agachado, de rodillas,
estirado y subido a andamios
provisionales a alturas de
caída de muchos metros, que
si fuera a la luz del día,
costaría realizar la misma
labor, ya que la lámpara no
daba mas allá de un par de
metros, la oscuridad, el
destello de las lámparas de
los demás en tus ojos, los
golpes a cientos diarios,
etc. Pero también dejo para
lo último aposta: El punto
mío está muy falso
Cuando un picador dice mi
punto está falso, lo lleva
hasta en sueños, no duerme
pensando cómo encarar
aquella dificultad y miedo.
Ya cuando está delante, lo
analiza pero lo encara,
porque si lo estudiara un
poquito más a fondo, el 100%
se marcharían a pesar de que
muchos no lo hicieron por el
machote, el no quedar mal,
el sabiendo que si tu no lo
haces lo tendrá que peligrar
un compañero. Ese punto
falso, no se lo imaginan ni
los mineros que jamás han
estado en esa situación: El
grisú que deja el carbón
como mercurio escurridizo,
todo despostiado, costeros
colgando de más de 40
toneladas, techo que abre a
potencias muy anchas,
repuelgos anchos e
inseguros, niveladuras que
el carbón se escapa o tira
de los frenos y de las
tijeras o longarinas
haciéndolas verlas como
tornos encima de ti, y
cuando se tiene que dar un
pozo para monta de rampla,
puede estar duro o blando,
pero lo que si tiene con
seguridad es gas, ese gas
que los mineros conocen y
temen. Qué decir del
coladero, el subir un pozo,
una labor de las más
peligrosas, si está blando y
falso… tremendo según picas
te queda el techo encima
como mínimo en forma de
rajolas cortantes que te
troncearian la cintura, o
costeros que tienes que ir
apuntalando para quitar
miedos; y si está duro y
tienes que disparar al
carbón, al dia siguiente te
puedes encontrar con el
voladizo de la muerte encima
de ti..¿quehaces? ¿te vas?
¿lo dejas? Noooooo, se
encara, se mete uno dentro y
mamposta a mamposta se
avanza hacia la suerte del
dia.
Cuando recuperas las
mampostas de hierro, qué
decir del estruendo y del
miedo que se pasa, cuando
todo ese techo baja de
golpe. La sed, el calor, la
humedad, el miedo, la
incertidumbre, el
desasosiego, las fuerzas que
flaquean, la responsabilidad
de hacerlo bien, el polvo,
el ruido, los ojos que no
ven, etc. Todo eso mucho más
que me queda formaban parte
del día a día de la mayoría
de muchos picadores, nada
justificaría aquel apuro,
ansiedad y desvelo de no ser
por haberlo mamado desde el
nacimiento.
La Mina para muchos y muchas
categorías, fue además de un
medio de vida, algo que no
ofreció tanta zozobra, lo
llevaban relativamente
bien,,, pero el picador,
tenía muy pocos días de
sosiego.
Dormía
por cansancio,
bebía
para quitarse la excitación
del combate contra el
peligro,
fumaba
por despejar sus pulmones de
aquel maldito polvo en
suspensión,
soñaba y
soñaba
con tener un día de
despreocupación, hablaba
y cansaba a sus amigos de
sus miserias, miserias no
siempre comprendidas, ya que
más de uno solo veía en el
al promedio, el libramiento
que multiplicaba por 3 o 10
al suyo, sin valorarle toda
aquella osada, arrojada y
denodada faena diaria.
Picador, va por ti, por tu
orgullo que aunque lleno de
miedos, supiste sortear
mucho angustia.
Un saludo.
J. Mª García García.